Cuzco, 18 de octubre de 2014
Después de levantarnos durante todo el viaje a las 6 de la mañana sin que llegase a sonar nuestro despertador, justo hoy, el día más importante, nos quedamos dormidos. Nos teníamos que levantar a las 3,55 de la mañana para empezar el trekking a las 4,30 y desayunar tranquilos, pero con estos horarios a mí se me fue la mano con el despertador y lo puse a las 4,55. Por suerte el dios del viaje nos echó un cable y despertó a Javi justo a las 4,30 de la mañana... así que a toda velocidad nos vestimos, cogimos nuestras cosas y pusimos rumbo al primero de los controles de Machu Pichu.
Todavía era de noche y no había nadie por el pueblo. Sólo se oía el sonido del río que llevábamos tres días remontando y se veía la luz de algunos frontales a lo lejos. A las 5 abría el primer control en la base de la montaña de Machu Pichu y cuando llegamos, 10 minutos antes de la hora, ya había algo de cola para ser los primeros en subir. A esas horas todavía hacía frío pero la emoción hacía que nada importase.
A la hora en punto se abrían las puertas y comenzaba nuestro ascenso a la montaña. En total eran 1789 peldaños cubiertos por la vegetación. Poco a poco la noche iba dejando pasando al día y cuando estábamos a mitad de la subida pudimos hacer algunas paradas para descansar, tomar agua y disfrutar de la vista. Las nubes estaban bajas y cubrian partes de las montañas, daban un aire misterioso al valle de los Incas.





